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June, 2007 Acordes kafkianos"A veces pasa..." Número 51 - Año 2
De a poco voy abriendo los ojos mientras me estiro para desperezarme, miro de reojo la mesa repleta de botellas vacías y trato de no acordarme lo que fue la última noche. Sobre el sillón donde estoy acostado veo que hay algunos cigarrillos a medio fumar, reconozco algunos pedazos del cenicero de vidrio debajo de la mesa y cerca del sillón. En el otro sillón, el más grande, está mi guitarra con una cuerda menos y la púa enganchada entre las clavijas. Sobre el mismo sillón hay 4 ó 5 vinilos de la vieja colección. Sigo recorriendo el cuarto con un ojo abierto y tirado en el piso veo que hay alguien durmiendo, no llego a reconocer quién es pero imagino que es alguno de los chicos de la banda.
Algo da vueltas en mi cabeza y no termino de entender. Mi rutina, mi trabajo de oficina, mi todo parece lejano y no entiendo cómo estoy inmerso en una vida en la que ya no soy un empleado de una empresa multinacional sino que extraña y paradójicamente soy un músico joven, exitoso y con una carrera internacional por delante.
Aturdido por no comprender mi nueva identidad pero sereno como si fuera algo que llevo en las venas me levanto del sillón y voy a la cocina. Escarbo un poco entre las boludeces de la heladera hasta encontrar una botella de agua mineral. Escucho que suena el teléfono y vuelvo al cuarto para atender. Con el agua en una mano y un cigarrillo encendido en la misma mano me agacho para levantar el teléfono que estaba debajo de la mesa. Miméticamente sé que se trata de mi representante, el manager de la banda, mi hermano menor. Durante 2 ó 3 minutos me dice algo de la noche anterior y de las actividades del día pero no entiendo bien qué.
Después de una ducha larga y un desayuno de aspirinas me pongo unos jeans de los viejos y una remera lisa. Bajo y paro un taxi para ir al estudio. El tachero no para de hablarme ni un minuto de sus hijos y de mi música y después de eternos 30 minutos llegamos a Paraguay y Humboldt, donde tenemos el estudio de grabación de la banda. El tercer disco ya es un hecho y solo faltan algunos acordes de mi armónica que hay que grabar hoy sí o sí.
Vuelvo a casa después de muchas horas y encuentro casi todo ordenado, mi bajista ya no está tirado en el piso y la basura está en bolsas de consorcio al lado de la puerta de servicio. Todavía cansado por la noche anterior vuelvo a tirarme en el sillón y me prendo otro cigarrillo, desconecto el cable del teléfono y cierre los ojos. Mañana tal vez me despierte.
Tincho May, 2007 Shuffle"A veces pasa..." Número 50 - Año 2
"Bajo al kiosco". A media mañana y a media tarde, a veces me pasa justo después de almorzar o cuando me voy para casa. Cuestión que me subo al ascensor y con algunas monedas o billetes en el bolsillo bajo a comprarme algo.
El tema es que realmente no sé qué me quiero comprar hasta que me encuentro ya inmerso en ese mundo de cosas dulces y saladas que se me vienen encima. Algunas cosas son tentadoras a más no poder y parecen tener cartelitos de "Eat me" al estilo Lewis Carroll. Por eso cada vez que llego al kiosco le pongo "shuffle" a mi pancita, y que elija lo que se le dé la gana.
Épocas de bizcochos 9 de Oro, tiempos de las Pepas de Tía Maruca, tardes de Tita y Rhodesia y algunas mañanas de Cindor con Cerealitas. Eso es lo que tiene de bueno el kiosco, hay para todos los gustos. Y vaya paradoja, todos los gustos parecen convivir dentro de mi cuerpo. Así que voy feliz con mi indecisión viendo que es lo que me tienta.
Estuve haciendo un breve estudio de los hechos y me di cuenta que no hay factores que intervengan directamente en la decisión. Si llueve puedo comprarme un alfajor El Cachafaz, pero si es lindo día también me puedo comprar uno de los de maicena (o almidón de maíz para los marcarios). Si hace calor una botellita de Coca de 237 ml, y si hace frío también puede ser una "coquita". Así que está bueno en serio, porque realmente no sé qué me voy a llevar, y así voy saltando por marcas, productos y gustos.
Dulce o salado, qué se yo, imagino que tendrá que ver con lo que desayuné o almorcé. O tal vez se trata realmente de un "tirar la moneda" y ver qué sale: un Biznikke o unas Lays. El problema de este sistema es que no soy siempre yo el que baja al kiosco, y cuando alguien va decidido a comprar algo yo los invado con una frase algo comprometedora que incomoda a más de uno: "traeme algo, no sé qué, cualquier cosa". Por suerte, soy fácil, muy fácil, y siempre termino satisfecho con lo que me haya "tocado". Me voy por algo dulce, hasta la próxima.
Tincho March, 2007 Yo nunca"A veces pasa..." Número 49 - Año 2
Yo nunca hice un gol de cabeza. Yo nunca me fui de viaje solo. Yo nunca uso el bidet. Yo nunca me tomo taxis. Yo nunca uso zapatillas sin medias. Yo nunca me lavo los dientes antes de irme a dormir. Yo nunca aprendí a tocar un instrumento musical. Yo nunca devuelvo las cosas que me prestan. Yo nunca choqué. Yo nunca le pongo mostaza al pancho. Yo nunca soñé que me caía de un precipicio. Yo nunca pido monedas para el bondi. Yo nunca sé qué quiero cuando entro a un kiosco. Yo nunca hago trampa jugando a las cartas. Yo nunca me voy a dormir antes de las 24. Yo nunca tuve linda letra. Yo nunca pido la cuenta con el café. Yo nunca hago zapping de arriba para abajo. Yo nunca vi en vivo a alguno de los Beatles. Yo nunca hago mi cama los domingos. Yo nunca me acuerdo los cumpleaños. Yo nunca me tiro al agua de palito. Yo nunca estoy online en el Messenger. Yo nunca tengo paraguas cuando llueve. Yo nunca fui a las Cataratas del Iguazú. Yo nunca le tuve miedo a las alturas. Yo nunca me tapo la boca cuando bostezo. Yo nunca me rapé. Yo nunca me cambié de colegio. Yo nunca me subí a un BMW. Yo nunca supe dibujar. Yo nunca vi "El exorcista". Yo nunca comí langosta. Yo nunca jugué un partido de tennis al mejor de 3 sets. Yo nunca me robé un cenicero de un bar. Yo nunca me acuerdo de ir al dentista. Yo nunca vi un Boca-River en el Monumental. Yo nunca me comí las uñas. Yo nunca usé el manos libres de mi celular. Yo nunca dejo el auto en cambio cuando lo apago. Yo nunca borro mails sin leerlos. Yo nunca pude cruzarme de piernas. Yo nunca me tiré en paracaidas. Yo nunca tomé mate con azucar. Yo nunca viajé a Europa. Yo nunca tomo Speed con vodka. Yo nunca viví en otro lado que no sea Buenos Aires. Yo nunca como la pizza con la mano. Yo nunca me agarré a trompadas. Yo nunca usé desodorante en bolita. Yo nunca lo vi jugar a Maradona. Yo nunca canto en la ducha. Yo nunca gano en el piedra, papel o tijera. Yo nunca, yo nunca, yo nunca...
Tincho March, 2007 Me llamaba"A veces pasa..." Número 48 - Año 2
Después de muchos días (realmente no llevé la cuenta) vuelvo a sentarme frente a mi espacio de escritura. Vacaciones, reflexión, nuevas ideas y falta de ganas empujaron la llegada del primer número del segundo año de "A veces pasa...". En alguna fecha cercana a mediados de febrero este blog cumplió un año de vida, y paradójicamente fue febrero el único mes en el que no publiqué nada desde la existencia de este blog.
Sin embargo, en este tiempo de ausencia "A veces pasa..." siguió funcionando en mi cabeza y a lo ancho, largo y alto de estas semanas me vi envuelto en miles de pensamientos dignos de un nuevo número. Irme de vacaciones fue sin duda el principal motor de estas nuevas ideas, y para no olvidarme de todas ellas las fui anotando en la agenda de mi celular (tengo un celular muy viejo y que cada vez anda peor, pero por suerte tiene la función de poder anotar algunas cositas en un calendario). Así que les puedo anticipar algunos temas que se vendrán en los próximos "A veces pasa...", pero no. Nada de anticipación o adelantos. Hacer eso sería un embole (no hay palabra más precisa que esta), mataría cualquier tipo de "efecto sorpresa" que pueda llegar a generar la lectura de este blog.
Comienza una nueva etapa, comienza el segundo año de mis momentos frente a este monitor para seguir escribiendo de esas cosas que van flotando por ahí y que a veces pasan. A diferencia del año pasado las entradas serán esporádicas, nada de compromisos de una vez por semana ni nada de auto-acusaciones por estar atrasado. Es que en este tiempo me di cuenta que el mejor día para escribir es el día en que termino de masticar la idea, el día en que ese pensamiento que se me ocurrió meses, días, o minutos atrás toma la forma que yo quiero. Igual, no se preocupen amigos, si hubiera que hacer un promedio con las entradas que vendran probablemente serán 4 por mes, así que todo sigue más o menos igual. Bueno, basta de cháchara... ¿Arrancamos?
Tincho January, 2007 ¿Alguien me presta un telescopio?"A veces pasa..." Número 47 - Año 1
El fin de semana pasado me fui a pasar unos días a la playa. Arena, mar, carpas, sombrillas y una cantidad innumerable de gente. El típico paisaje del Partido de la Costa en enero, pero esta vez me encontré con algo distinto. Las noches del viernes y domingo fueron necesarias para recorrer los 400 kms que separan mi hogar del mar. Y fue durante esos viajes que vi por primera vez en mi vida un cometa.
Me acuerdo de muchas situaciones en las que vi estrellas fugaces, de hecho la semana pasada venía llegando a casa y vi una muy brillante, de un color algo verdoso y que tardó en desaparecer 3 ó 4 segundos. Pero me estoy yendo de tema, volvamos a poner el foco en el cometa. Durante los largos minutos en los que me quedé mirando el impactante fenómeno me fui dando cuenta de la autenticidad del clásico cliché de la infancia: "Yo cuando sea grande quiero ser astronáuta". Y claro, cómo no ibamos a querer ser astronáutas si todos los cuerpos celestes nos fascinaban. Pero después crecí, después crecimos. ¿Y qué pasó? ¿Dónde quedaron esas ganas de ser astronáutas? ¿Porqué tantos sueñan con serlo y tan pocos terminan siendolo? Este fin de semana mientras miraba la eterna cola del cometa intentaba recordar a partir de qué momento me dejaron de fascinar las cosas del espacio exterior. Hice una búsqueda profunda de recuerdos y me acuerdo de haber leído en enciclopedias y libros sobre las estrellas, los planetas, meteoritos, cometas, etcétera. Pero lamentablemente mi memoria prefirió guardar alguna otra cosa y no recuerdo como perdí mi interés por los astros. Aunque no sé si lo perdí o lo dejé en algun lado, de cualquiera de las dos formas lo importante es que este fin de semana volví a encontrar mi interés.
Hice un poquito de la ya rutinaria investigación en wikipedia y encontré algunos datos del cometa. Se trata del cometa McNaught y fue descubierto hace poquito, en Agosto del 2006. Se ve desde cualquier lugar del hemisferio sur y bien entrado el atardecer (o el amanecer). Yo lo vi las dos veces cerca de las 21 horas y les aseguro que es un espectáculo digno de este número 47. Hasta la próxima amigos lectores. Saludos y vayan, busquen un lugar algo descampado y miren al Sudoeste, allá los espera el Gran Cometa el 2007.
Tincho January, 2007 "...como te deseo""A veces pasa..." Número 46 - Año 1
No tenemos patas de rana, no tenemos branquias y tampoco tenemos aletas. Sin embargo, a diferencia de lo que muchos piensan, yo creo que estamos hechos para el agua. Las distintas sensaciones que genera el agua en cada uno de nosotros hacen de este elemento algo digno de este número 46.
¡Splash! A una pileta, a un lago, a un río, al mar... Es el sonido perfecto, quizá no tanto para los que lo escuchan "de afuera", pero para el propio que se zambulle ese sonido y el silencio que lo sigue por estar debajo del agua es algo sublime. Y no solo se trata de tirarse al agua, también pegarse una ducha, meterse en una bañadera calentita, correr debajo de la lluvia. Para cada una de estas actividades hay un sonido particular. Me acuerdo de chiquito metiendome a la bañadera y con la cabeza abajo del agua jugar con la cadena del tapón, con alguna moneda o con cualquier cosa que hiciera ruido contra el piso de la bañadera.
Pero no es solo a través del oido que sentimos y disfrutamos del agua. En esta época del año en la que los termómetros se vuelven locos y marcan 35ºC día por medio el agua es el refrescante número 1. Quizá a la hora de beber algo preferimos la gaseosa de moda, el agua saborizada del momento, o el yogurt de los cien beneficios para el organismo. Sin embargo, la verdadera refrescada es la del chapuzón, la de tirarse a algun lugar con agua a la hora que sea, o simplemente mojarse un poco la cara y la cabeza. Es la misma agua a la que le tememos en invierno, la que nos da resfríos y mal humor. Se hace rogar en verano y el día que llega es un lindo día, al menos para mí, que de tanto calor en la ciudad cada día quiero más al agüita. Me muero de calor, voy por un vaso de agua fría. Saludos y a mojarse!
Tincho
January, 2007 El maldito"A veces pasa..." Número 45 - Año 1
Cinco en una mano, cinco en la otra mano. Cinco en un pie y cinco más en el otro pie. Parece ser que cinco dedos en cada mano y cada pie estan perfecto. Pero no, los dedos meñiques de los pies estan al pedo. Sí, son totalmente innecesarios y más que nada son generadores de odio, rabia, y las puteadas más sinceras de cada uno.
Es que los dedos meñiques de los pies tienen un poder particular para ubicarse siempre frente a alguna pata de una mesa, o contra el marco de una puerta, etc. Y es ahí, en el momento en que el dedo impacta contra ese objeto cuando desde lo más adentro nace una puteada clásica, cargada de mucho sentimiento ya que realmente duele. No es un dolor de muerte, ni algo como para llorar, pero (aaahhh sólo de acordarme me duele) son dos o tres segundos intensos en los que se nos ocurren cientos de malas palabras una atrás de la otra.
Es como si nuestra cabeza, al estar tan lejos de los meñiques, no fuera consciente de la presencia de ellos. Y claro, pasamos caminando por los pasillos cerca de los marcos de las puertas sin tener en cuenta esos centímetros (o milímetros) que ocupan esos dedos tan chiquitos. Y esa desatención es la que genera ese dolor digno de fruncir el seño jodidamente. Es una mezcla de dolor y autocrítica, como si dijeramos: "No lo puedo creer que otra vez me golpee el dedo, más de 20 años y todavía me sigo golpeando el dedo", es cierta frustración por básicamente no aprender a no golpearnos el dedo.
Y acá no hay hábil que sobreviva eh, le pasa a todo el mundo, a los torpes y a los habilidosos, a los de pies grandes y a los de pies pequeños, a los adultos y a los más jóvenes, a los de pies feos y a los de pies perfectos. Me gustaría poder grabar en video las reacciones de la gente luego de estos golpes traicioneros. Podría ser muy gracioso ver cómo reacciona cada uno ante ese momento de dolor. Hasta la próxima amigos, saludos y cuiden sus piecitos.
Tincho |
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